
Acabo de leer en ensayo La ironía, de Wladimir Jankelevitch [Taurus (Madrid), 1982]. Gracias a Dios, no es un libro del estilo "Aprenda a ser irónico en diez minutos", sino que profundiza es qué es y qué implica ser un ironista. El libro tiene un estilo frénetico y apasionado: hacía mucho tiempo que no tardaba tan poco en leer un libro. Para describir lo específico de la ironía, el autor la compara y contrapone con la seriedad, la mentira, el cinismo, el arte, la vanidad... Indica las similitudes y las múltiples diferencias que hay entre ellas. Es un ensayo brillante, algo erudito a veces, repleto de muchos párrafos en los que profundizar y perderse.
Como en muchas ocasiones a lo largo del libro el autor recurre a Sócrates como al maestro, al que elogia, he pensado que podía transcribiros un párrafo que le dedica al filósofo ateniense. Supongo que en las próximas entradas copiaré algún otro, porque, repito, los hay bastante buenos.
"No es pobre, pero vive con quinientos dracmas al año. Soldado valiente, es también el más distraído de los filósofos. Puede beber mucho pero nunca se emborracha, así como es capaz de pasar la noche en vela sin tener nunca sueño... porque es un noctámbulo incorregible. Siempre es casto, aunque se enamore una y otra vez. Con su rostro de sátiro, es maravillosamente hermoso por dentro, como dice la plegaria del Fedro. Enemigo de los Treinta y de la oligarquía, muere víctima de los demócratas. Es al mismo tiempo cercano y distante, seductor y desdeñoso, presente y audaz, locuaz y socarrón; en el banquete animado por los vapores de la embriaguez representa un principio de sobriedad y autocontrol; pero también se adhiere a las verdades delirantes de una maga; tanto la embriaguez de Alcibíades como la exaltación de Diotima lo arrebatan; espíritu positivo, también sabe tocar la flauta, encantar a la ratas, embrujar como Merlín, ¡en él, hasta la embriaguez es sobriedad! Borracho y lúcido, lírico y prosaico, dionisíaco y racional... ¡ay!, ¿cómo entenderlo?" (p. 101-102).
[Y para mis queridos ateos:]
"El ateo que extrae el reloj de su bolsillo y da a Dios un cuarto de hora para que lo fulmine, es quizá un desesperado que reza en secreto" (p. 94).





